martes, 23 de mayo de 2017

Salir del escondite








Ahí parada en el escenario, intentando mantenerme firme sobre unos tacones que solo salen a la luz un par de veces al año, siento el rápido latido del corazón y a mi lado escucho la voz de una mujer que me llama experta.

Estoy frente a un público borroso, algunas caras conocidas, algunas que echo de menos y algunas sillas vacías que por fortuna para mi catastrófica anticipación, son pocas.

Es el punto cumbre de una semana de nervios desbordados. “No es para tanto”, me juzgué varias veces en el proceso.

Y lo era.

Lo era porque más que una charla, esa puesta en escena fue una muerte más. La muerte de una identidad que se desvanece con la contundencia de la presencia pura.

Estar en un escenario con luces, cámaras y micrófono es ser visible sin posibilidad de esconderse. La voz llega a todos los rincones, mi cuerpo queda expuesto y documentado en todos los ángulos posibles, y mi conocimiento sujeto a evaluaciones y opiniones variadas. Cualquier error tiene testigos y gracias a la tecnología, testigos perpetuos.

Mi imagen corre peligro.
En mi mente revolotean todas las posibilidades de fracaso: las miradas burlonas, las críticas y decepciones, las caídas vergonzosas, los bloqueos angustiosos, el sudor y el enrojecimiento, el olvido, la torpeza, la falta de coherencia.
Pero quizá esta es la parte fácil. Porque se soluciona con un llanto de derrota y la excusa de volver a una cueva que me ha protegido. Poderme escudar en el“esto no es para mí”, y volver a la comodidad de la invisibilidad en donde me siento a salvo.

Ahí en la tarima sé que el gran reto no es atravesar los 45 minutos de angustia, dando conocimiento respaldado por grandes autores y diciendo frases suficientemente seguras para complacer al público y hacer bien la tarea. Demostrar la expertiz que anunció la presentadora.

El gran reto es ser yo. El de la charla y el de la vida.

Soltar los libretos, las estrategias, la inteligencia, la teoría, los libros, las estadísticas, lo comprobado y lo ensayado. 

Así que temblando de miedo, sé que ya no tengo más opción que entregarme.

En ese momento frente a todos sé que no está saliendo perfecto. Veo algunas personas salir y siento el apretón de la angustia del evidente fracaso. Por momentos escaneo caras en búsqueda de señales de aprobación, e inmediatamente siento el impacto de esto en mis palabras. Vuelvo a la presentación buscando guía y encuentro unas letras borrosas.

La vida es una constante improvisación, aprendí alguna vez en clase de teatro. Porque los planes se derrumban ante la contundencia de la realidad. Y la improvisación no es más que la acción que nace espontáneamente de la presencia.

Los guiones empiezan a enredarse en la cabeza, quedo por instantes, que probablemente nadie nota, completamente desnuda. Presente. En blanco. En el espacio perfecto para la improvisación. Estoy hablando del amor y soy amor. Amo ese momento en el que puedo compartirme con personas dispuestas. Amo esa oportunidad de expandirme, de dejar caer falsas seguridades y poder contar a otros que todos estamos en las mismas. Poder mostrarme sin esconderme más sin esperar a hacerlo perfectamente. Siento mi corazón abierto y tengo la certeza de que a nadie le importa mi perfección. Solo soy un instante en su vida y no soy tan importante. Muchas de mis palabras irán al olvido. Nada es permanente.

Sí, es posible que estén las críticas, los juicios y los halagos, la envidia, la desaprobación, las proyecciones y las expectativas junto con las exigencias y las decepciones. Es posible que en la visibilidad incomode, sea reflejo para otros, acaben algunas relaciones, me enfrente al rechazo y la burla. Claro que mi imagen corre peligro, junto con mi identidad y mi burda concepción de éxito y reconocimiento.

Pero ese instante en el que me atrevo a ser, puede ser el instante en que otros reconozcan quienes son. Ese instante en que permito que el amor se manifieste en mi torpeza, en mi miedo, en mi experiencia, en mis palabras, en mi duda, en mi valentía, en mis historias.

Ese es un instante que puede hacer recordar a otros el amor que son. Un instante que puede inspirar a otros, y que puede invitarles, a dejarse morir para Ser.
Sin duda para mi es un instante de liberación, gozo, amor y plenitud.

Dejo de esconderme porque no hay nada que esconder. Dejo de protegerme porque no hay nada que proteger.

Lo que no muere es lo que soy. Y si muere todo, es porque ya es hora.


miércoles, 17 de mayo de 2017

Nada que esconder

¿Qué pasaría
...si oyeran todas nuestras conversaciones privadas?
... si leyeran nuestros chats?
... si nuestras paredes fueran transparentes?
... si viviéramos con una cámara permanentemente?
...si existiera la telepatía?
...si nuestro mundo interior se proyectara afuera?
¿Que pasaría si nuestra privacidad no lo fuera?
¿Qué parte de nosotros quedaría expuesta?
Saldrían a la luz secretos, vergüenzas, perversiones, odios, dolores, deseos, juicios, envidias, chismes, halagos
Todo lo prohibido y censurado,
¿Podríamos acaso sobrevivir como sociedad?
Si fuéramos completamente transparentes
¿Seguiríamos amando como decimos que lo hacemos?
En un principio quizá viviríamos el caos.
El dolor. La indignación. La decepción. El señalamiento. El asombro.
Nos costaría creer todo lo que se asoma. Nos ahogaríamos al descubrir nuestra mentira, nuestra hipocresía, nuestra crueldad, nuestro veneno, nuestros disfraces,
tantas fachadas, tantas máscaras.
No soportaríamos tanta honestidad. Saber tanto de nosotros a través de los demás. Quedar al descubierto sin tener donde escondernos. Incluso de nosotros mismos.
Tal vez por eso existe ese límite. Entre lo privado y lo público.
Aún no estamos listos para descubrirnos del todo.
Ver la sombra sin tapujos, aceptándonos y amándonos completos. Arriesgándonos a ser todo lo que somos.
Necesitamos los personajes. Un poco o un mucho de mentira que nos proteja.
O eso creemos.
Porque finalmente en este juego dual,
lo que no reconocemos en nosotros, aparece enfrente.
Pero empiezan a caer los velos.
Las redes no dan tregua.
La tecnología se mete por todos los rincones.
Parece ser que no es cuestión de estar listos o no.
La autenticidad llama a la puerta.
La verdad se asoma a la fuerza
Sí. Al principio sería insoportable.
Pero
¿Cuánta energía invertida en esta censura y represión?
¿Cuánto esfuerzo en ocultarnos y negar eso que tanto nos cuesta reconocer y aceptar?
¿Cuál es el costo de proteger nuestra intimidad?
¿Cuánto poder, luz y fuerza escondidos en el miedo a la exposición, juicio, burla y señalamiento?
Estemos listos o no,
Hay una voz que emerge con un volumen creciente
Es la voz de la sombra que a gritos nos cuenta,
que entre más la ignoremos, vendrá con más fuerza.
Sepamos que el amor y la compasión, si es que hay alguna diferencia, no discriminan.
y los limites son imaginarios.
No hay nada que esconder, porque todos somos lo mismo.

Vacío

En el vacío,
en la ausencia total de referentes,
renunciando a mi adicción por explicaciones reconfortantes,
Soltando una y otra vez apoyos que nos son más que espejismos.
Frente a frente a la ilusión de un control que supuestamente me ha traído hasta acá
Navegando en tantas experiencias que las palabras no alcanzan a contener.
En el vacío,
Se desvanecen los supuestos,
los pasos a seguir,
las respuestas prefabricadas,
las fórmulas exitosas,
los conocimientos comprobados
La mente se disuelve a pesar de su lucha
El marco se amplía tanto que estalla en mil pedazos.
En el vacío de la presencia pura,
Soy y no soy. Todo al mismo tiempo.
Es el universo de las infinitas posibilidades
De la creación sin límites
De la espontaneidad
De la certeza
La confianza
El Amor
Y de tanto más allá de las palabras.
Así de simple.
Rendirse y descansar en ese simple reconocimiento.
Una y otra vez.

Terapia Infantil

Me parece que los niños llegan a terapia a traer a sus mamás y papás.
A mostrarles eso que no han podido ver de si mismos y de sus entornos por si solos.
Ellos, aunque no de manera consciente y aunque no lo puedan poner en palabras, perciben lo invisible.
Para mi las sesiones no son para analizar e interpretar conductas incómodas buscando culpables y señalando crianzas insuficientes o niños inadecuados.
Tampoco llenar vacíos de niños con "padres equivocados"
Patologizar niños para aliviar sistemas educativos y familiares oxidados
Para mi las sesiones, que honestamente ya ni me atrevo a llamar psicologicas, se tratan de explorar juntos esos mensajes ocultos que los niños nos ponen sin tapujos a través de sus dibujos, juegos, conductas, miradas, movimientos, silencios, posturas.
Se tratan más de nombrar lo innombrable. De develar la sombra que tiene tantos tesoros.
De abrir caminos al corazón endurecido, los poderes olvidados, los sueños enterrados, los seres ocultos entre tantas capas de historias y deberías.
Papás y mamás no necesitamos que nos digan que lo estamos haciendo mal. (Con nuestra voz interna permanente tenemos)
Ni una lista de instrucciones que no funcionarán.
No necesitamos otra voz de otro experto más, que nos llene de palabras que nuestra mente intenta entender y que ahí se quedan alimentando aún más el agotamiento.
Los niños no necesitan aliados que den más fuerza a traumas que determinado contexto decide que lo son.
Ni tampoco sesiones tras sesiones de alguien que intente arreglarlos o hacerlos más funcionales y adaptables a una forma de vida con la que nadie se siente pleno.
Tampoco necesitan de un terapeuta que llene los supuestos vacíos que tienen, para sentirse mejor consigo mismo al salvar la niñez de futuros catastróficos y un mundo en decadencia.
Creo que no hay nada que arreglar en una terapia. Es si acaso una oportunidad para reconocernos por lo que somos y despertarnos a la vida con todos los colores.
Los niños llegan a terapia para sacudirnos a todos del letargo y evitarse a ellos mismos caer en el.

Mentiras

Después de algunos discursos sobre la importancia de la verdad, unos cuantos intentos de "acá nos quedamos hasta que digan la verdad", varios señalamientos de la obviedad de la evidencia, y el uso de algunos recursos como, " entiendo que les de miedo que las castiguemos",
Paré por un momento. Dejé de buscar un resultado para sentir que estaba educando correctamente y finalmente surgió un
Saben ? Yo también digo mentiras a veces.
Unos ojos inmensos hicieron contacto sorprendidos.
Me da miedo que dejen de quererme. Me siento avergonzada. No me gusta equivocarme. No quiero que me señalen o quedarme sola.
En serio mamá?
Si. Y nosotros las amamamos. Aunque no puedan decir la verdad a veces. Aunque se equivoquen. Aunque las regañemos y nos pongamos bravos. Amamos todo de ustedes. Hasta sus mentiras.
... si. Nosotras lo hicimos.
La magia de reconocer en nosotros lo que tanto rechazamos de otros.