jueves, 6 de diciembre de 2018

La batalla con el espejo






Amadas Hijas,

A su corta edad ya veo que la batalla con el espejo ha empezado. Poco a poco  ya no están solo las muecas y experimentos, ensayos y juegos con su reflejo, sino también esa mirada crítica, las manos que señalan lo que sobra y los ajustes que empiezan a hacer sobre su cuerpo para ocultar lo que fue nombrado por otros como inadecuado.

Mentiría si les digo que no me afecta. Automáticamente desfilan por mi mente ráfagas de ideas, recuerdos y creencias. -Son hermosas atino a decirles, como si mis palabras pudieran evitarles esa sensación de que hay algo mal en su apariencia.
Al mismo tiempo ya he pensado en posibles soluciones, me he culpado por nuestro estilo de vida y he juzgado a la cultura por sus imposiciones estéticas. En apenas  segundos ya he ideado maneras de inculcarles el amor por su cuerpo, he maldecido a la industria de la moda, y he revisado los mensajes ocultos que he podido transmitirles sin darme cuenta.

Pero sé que igual irán al colegio, a la calle y a la vida, y seguirán recibiendo esos juicios, esas miradas y comparaciones. Seguirán absorbiendo imágenes estereotipadas, y oyendo mensajes que las inviten a buscar un cuerpo distinto al suyo.
Es inevitable.

Amadas Hijas,
Igualmente les seguiré diciendo cada día lo hermosas que son. Seguiré acariciando su cuerpo con ternura, les seguiré hablando con la mayor honestidad que pueda acerca de mi y del mundo, y estaré atenta a mis miradas y palabras que puedan sugerir desprecio o disgusto.

Pero más importante aún, haré eso conmigo. Porque cada mañana yo misma tengo ese encuentro con el espejo. Cada vez que me cruzo con mi imagen mi mente se inunda de desaprobación. No pasa un solo día en el que no desee que algo en mi sea distinto, e invierto energía, tiempo y dinero en mejoras continuas que ahora sé, no tienen un fin.
Siempre habrá kilos de más, formas inadecuadas, manchas, pelos, lunares cicatrices, agujeros, colores, texturas y olores que quiera cambiar.

Viéndolas me he dado cuenta de que el amor y aceptación incondicional jamás han estado en los territorios de mi cuerpo.  El maltrato es una práctica común conmigo misma y las cosas que me digo jamás se las podría decir a ustedes. Porque en ustedes puedo ver la belleza inmensa que emana en cada aspecto de su cuerpo y puedo saber que cualquier cosa que no guste tiene que ver más con el ojo de quién mira.
En ustedes puedo reconocer que si algo no está bien es porque su alma así lo expresa, y que es inútil que con imposiciones, reglas, rutinas o restricciones se pueda atender lo que clama nuestro corazón.

Eso aprendo al verlas amadas hijas,
Hoy me siento conmovida con esta realización. Así que más que discursos sobre la belleza, empezaré por ampliar mi propia visión.  Observaré con mas detenimiento mis pensamientos y dejaré de condicionarle el amor a mi propio cuerpo. 
Recibiré sus caricias y abrazos y devolveré a las mañanas las muecas, bailes y cosquillas que tanta seriedad se han llevado.

Celebremos amadas hijas, nuestros cuerpos. Escuchemos su lenguaje y leamos con nuestras manos los mensajes que nuestra alma nos cuenta en cada célula.  Atendámonos, amémonos y cuidémonos en lugar de modificarnos, violentarnos y despreciarnos. 

Gracias por su inigualable belleza.