miércoles, 6 de diciembre de 2017

Celebro la existencia

Celebro la vida, con todos sus colores y matices.
Y celebro las muertes, las cotidianas, las contundentes.
Si es que acaso son cosas diferentes
Celebro los infinitos ciclos,
el intenso latido de expansión y contracción
lo que acaba y lo que incia
lo que muere y lo que nace
las imágenes que se descascaran y descubren nuevas capas de realidad
Celebro las lágrimas, las carcajadas y los gruñidos,
los gritos, las sonrisas, los pánicos, las parálisis y las danzas.
Celebro la permanente impermanencia que disuelve la idea de tiempo,
Y celebro el tiempo que marca el paso de los días, los meses y los años recordando en el cuerpo el fin de lo infinito.
Celebro el coraje del corazón persistente en un mundo que tantas veces duda de él.
Celebro la piel.
Y el dolor.
El intenso ardor de la existencia
La completa manifestación
en todas sus facetas, sus nombres y conceptos,
rostros, cuerpos, ideas
encuentros y desencuentros,
La luz que ilumina oscuridades
Celebro la infinita belleza que un día como ayer el calendario me recuerda.
Gracias a todos quienes conforman esta orquesta

martes, 14 de noviembre de 2017

Reaggeton y sexualidad

El reaggeton llegó y no parece irse. Por el contrario pareciera que poco a poco hasta los más resistentes terminan cediendo a sus ritmos pegajosos y sus letras controvertidas.
Lo que parecía una moda temporal se sigue instalando en todos los rincones.
Podemos insistir en la ignorancia musical de las nuevas generaciones, juzgar a artistas grandes por vendidos, horrorizarnos por letras patriarcales, avergonzarnos cuando nuestro cuerpo se mueve por si solo o cuando algún verso sexista termina saliendo de nuestra boca.
Pero quizá el reaggeton y tantos géneros similares, le están dando lugar a un eros anestesiado. Están despertando cuerpos que anhelan contacto y movimiento. Quizá el reaggeton es la voz de una sexualidad censurada y reprimida que termina por salir burdamente a falta de espacio.
Tal vez es momento de abrirle la puerta a esta energía sexual que se asoma en el perreo, los videos inadecuados y las frases escandalosas.
Dejar a los niños jugar.
Retomar el eros en su mayor expresión, el placer, la vitalidad, la alegría de vivir, más allá de las responsabilidades, las exigencias, las metas, los logros, la vida seria.
Tocarnos, abrazarnos, sentirnos, mirarnos, bailar, jugar. disfrutar.
Contactar.
Quitarle volumen a la cabeza y reconocernos cuerpo.
Quitarle tanto misterio a la sexualidad y hablar con los niños y jóvenes, superando el término "tus partes privadas",
Saber que solo dejaremos de ser objetos sexuales, una vez podamos reconocernos como SERES SEXUALES.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Amor Incondicional y Límites



Podemos amar incondicionalmente, de hecho el amor condicionado no es Amor.

SIn embargo, podemos amar Y poner límites a las acciones de los otros.
Amar y decir NO.
Amar y elegir no tener una relación o cercanía física con alguien.
Amar y expresar nuestra opinión aunque incomode
Amar y evidenciar un desencuentro
Amar y sentir rabia, tristeza, celos, alegria, impaciencia. Porque el amor abarca todo.


Importante poder diferenciar el Ser de las Emociones y las Acciones.
Sabernos conectados unos con otros desde la esencia que somos, y aún así comprender que existen límites físicos que nos hacen individuos separados.
El amor no discrimina, no divide entre lo bueno y lo malo, pero en el plano físico las acciones tienen un efecto.

Así que el reto es vivir en la permanente práctica del amor incondicional , al mismo tiempo que nos guiamos por nuestras sensaciones, emociones e intuiciones para atender nuestras necesidades y así sobrevivir, crecer y desarrollarnos plenamente.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Amadas Hijas, somos sexuales









Amadas hijas,


Todos los humanos somos seres sexuales. Nosotras lo somos y papá lo es.
Desde que nacemos hasta que morimos.

Al intentar hablarles de esto se me enredan las ideas. No sé ni por donde empezar.

Quizá esto me pasa porque la sexualidad es un tema tabú.

Un tema tabú es un tema del que no podemos hablar abiertamente.
Porque está prohibido, o porque nos da miedo, o porque alguien dijo que estaba mal.
Tenemos la rara idea de que si no hablamos de algo es como si no existiera.
Como si pudiéramos ocultarlo para que no cause problemas.

Se preguntarán amadas hijas,

¿Qué es la sexualidad y por qué es un tabú, si todos somos sexuales?

Honestamente yo no lo tengo tan claro, porque justamente lo que pasa con estos temas es que se vuelven tan secretos, oscuros y misteriosos, que ya nadie sabe muy bien de que se trata y aunque haya mucha información, está incompleta, se contradice, y omite cosas muy importantes.

No me queda más que contarles lo que yo he ido averiguando por mi misma.

Amadas hijas,

La sexualidad es un gran poder que tenemos todos. Un poder creador.

Una energía muy intensa que es capaz de crear muchas cosas. Obras de arte, movimientos, ideas maravillosas, vínculos. ¡Hasta bebés! ¿parece increíble, no?
Es también capaz de generar amor en grandes cantidades, y de permitirnos sentir la divinidad en nosotros. Con ella podemos además experimentar la unidad. Saber que no estamos separados. Nos muestra cuán poderosos e inmensos somos.
Me parece que por eso le tenemos tanto miedo y que esa es la razón por la que muchas personas han intentado que nos olvidemos que tenemos ese poder.

Porque además amadas hijas,

Un poder puede también hacer mucho daño si no sabemos como manejarlo. Es como tener una varita mágica y usarla sin cuidado.

Ante una fuerza tan inmensa nos sentimos asustados. No sé exactamente que pasó, pero me parece que no todos los humanos usaron muy bien ese poder e hicieron mucho daño. También es probable que algunos no estuvieran muy contentos con los que si lo usaron bien, porque ya saben que las personas a veces somos envidiosas. Además a algunas personas les convenía que las demás fueran menos poderosos para poderlas mandar. Así como pasa en las películas que a veces vemos.

En todo caso, la sexualidad se controló. En decir que nos prohibieron usar nuestros poderes. Sólo estaba permitido usarlos para crear bebés, y esto porque si no, ya se imaginarán, el mundo se acabaría. Para controlarla se usó el miedo, y se empezó a correr el rumor de que era mala. Confundieron algunas consecuencias del uso de esta energía, con la energía misma. Es como si decimos que la magia es mala solo porque algunos han hecho algunos conjuros maléficos, o porque algún truco haya salido mal.

Por esto, sospecho, la sexualidad se convirtió en tabú.

Pero amadas hijas, esta inmensa energía no puede controlarse, y entre más se trata de esconder, más fuerza toma y entonces se vuelve más desastrosa.

Además súmenle a esto, que las personas sin este poder, se vuelven bastante gruñonas, tristes y aburridas.

Creo que eso nos pasa en la sociedad. Hemos olvidado este poder, no lo conocemos bien, y no sabemos como usarlo, pero éste sigue haciendo de las suyas de una manera caótica. En lugar de que podamos aprovecharlo a nuestro favor, vivimos a su merced, ya se por tratar de controlarlo o porque se apodera de nosotros y la mayoría de veces ni nos damos cuenta.

Por eso entonces ustedes, niños y jóvenes, nos lo recuerdan con tanta intensidad. Es hora de que lo recuperemos. El mundo lo necesita.

El gran problema es que los adultos no lo entendemos muy bien todavía, entonces lo que hacemos es seguir intentando controlarlo. Aprendimos que eso era lo mejor. Desde muy chiquitos los llenamos de miedo. Claro, con las mejores intenciones, porque no queremos que esa fuerza creadora haga de las suyas.

Al menos ahora empezamos a hablarles un poco, pero lo que más hacemos es llenarlos de advertencias, y les mostramos todo lo terrible que puede pasar si usan sus poderes.

Somos bastante torpes, pero entenderán que nadie nos ha enseñado.
Amadas hijas,

Tal vez es momento de que este deje de ser un tema tabú. Quisiera que ustedes aprendan a aprovechar ese gran poder a su favor. Ya lo hacen de alguna manera cuando bailan, juegan, ríen a carcajadas, comen con tanto disfrute, se untan cremas, y disfrutan de telas suaves. Cuando inventan cuentos y canciones, y crean amistades.

Si aprenden a conocer esta fuerza, sabrán manejarla y no la usarán para lastimar, manipular o tomar de otros lo que necesitan.

Comprenderán su capacidad creadora y podrán ponerla donde ustedes elijan para crear con consciencia y no por accidente y así también tendrán la posibilidad de hacerse cargo de esas creaciones.

Descubrirán su cuerpo como vehículo de esta energía, y por lo tanto lo conocerán, cuidarán y lo disfrutarán con responsabilidad. Comprenderán que los genitales son órganos sexuales pero que la sexualidad trasciende esas “partes privadas” de las que tanto les hablan, y se experimentarán de una manera mucho más completa y menos desintegrada.

Sentirán que el deseo es sólo la chispa que alimenta esta fuerza, así que podrán aprender a regularlo para obtener lo que quieren.

Irán sintiendo ganas de compartirlo, y sabrán con quién y cómo, porque entienden lo poderoso que es y los vínculos que crea, y también aprenderán que el acto sexual, es solo una de tantas maneras de hacerlo.

Entenderán que lo femenino y lo masculino son principios que no sólo significan hombre y mujer y que todos los tenemos, así que la sexualidad puede expresarse de múltiples formas, incluso, sin la necesidad de otra persona.

Descubrirán sus regalos: el éxtasis, el placer, la unidad, la fuerza, la vitalidad, la conexión entre el cielo y la tierra; lo mundano y lo sagrado; el cuerpo y el espíritu; la piel y el alma.

Experimentarán cuán mágico es, si se usa con todo su potencial, unido al corazón y a la trascendencia.

Esto quiero compartirles hoy. Yo misma he ido descubriendo este poder y apenas estoy aprendiendo esto que les cuento.

Ustedes son una gran muestra de lo que puede crear cuando se usa con consciencia. También lo es mi relación con Nicolás, su papá.
Sin duda su piel, sus miradas, su risa, sus rabietas y tantas otras cosas, han ido activando esa magia en mi.

Amadas Hijas,
Somos seres sexuales, y esto es maravilloso. Juntas estamos descubriendo más y más todo lo que esto significa, revelando sus misterios y dejando de ver la sexualidad como esa extraña amenazante de la que hay que cuidarse y despojándola de tantas etiquetas que no nos permite abrirle la puerta con confianza.

Acompañémonos en esta travesía de vivir este gran poder con todo el amor, la presencia, la atención y el respeto que merece.



lunes, 18 de septiembre de 2017

Pájaro de fuego y Niña salvaje



Amadas Hijas,

Estos días las he observado con fascinación.

A ti, Eloísa, te veo danzando por el espacio con ligereza y pasión. No te cansas de bailar y de moverte por todos los rincones dueña de todo tu cuerpo que expresa todo lo que eres con tanta gracia.
- Mamá busca el video de Pájaro de Fuego, me dijiste por estos días.
Eso he visto en ti. Un gran pájaro de fuego que revolotea con sus llamaradas volando en libertad. Tus ojos brillan, tus músculos responden a tu corazón, estirándose más allá de las posibilidades que aparentabas tener.  Tu grandeza brilla por todas partes, con tu pelo dorado y la música que emana tu cuerpo. Puedo ver a través de ti los escenarios que imaginas y los vestuarios que inventas y que tengo la certeza materializarás algún día, porque no he visto magia más poderosa que esa que tu portas.

Y a ti, Matilde, soy testigo de tu imponente presencia. La niña salvaje, despeinada y de cara sucia, aún siendo amante del agua y los jabones espumosos. Tu mirada me atraviesa y tus gritos ponen límites que admiro y reverencio. Saltas, brincas, corres y trepas adueñándote del espacio y haciendo caso omiso a tropezones, chichones o morados. Si acaso te detienes para asegurar la atención y cuidado que bien sabes, mereces.
Niña salvaje, de pisadas firmes, indomable. No dejas que nadie se imponga a tu alma y cuidas tu corazón blandito con gruñidos y zarpazos si es necesario. Tus, “no me toques”, “no quiero ayudar”, “no me gusta”, “déjame”, rasgan el aire con fuerza y dejan claro cuál es tu territorio.

Amadas Hijas,

Veo en ustedes mi propio Pájaro de fuego y mi Niña salvaje que han resurgido estos últimos años en mi vida y me siento plena.
Muchas veces los he dejado dormidos o encerrados porque no eran muy bienvenidos a mi alrededor o porque tenía miedo de que hicieran desastres. ¡Bien saben ustedes cuán desastrosos pueden llegar a ser!
Quizá fue sabio de mi parte, esperar al momento adecuado para que volvieran a aparecer con tanta contundencia, porque de esta manera pude protegerlos y preparar el camino para que sus poderes sean bien usados.
También es posible amadas hijas, que ustedes ahora pueden andar con confianza y fluidez en tremendos personajes gracias a todo lo he aprendido yo de los míos.

En todo caso Pájaro de fuego y Niña salvaje han llegado para quedarse. Nos regalan su fuerza y su poder, el movimiento, la comodidad en el cuerpo, la mirada profunda, la pasión, el eros. También la furia, la territorialidad, la decisión y la naturalidad.
El fuego intenso y la confianza en la tierra. Las alas ligeras, el dominio del andar.
Son imparables e indomables, y van por la vida con seguridad. Bailan, corren, saltan, juegan, con sus coloridos y brillantes trajes o ropas ligeras y pies descalzos. Libres y poderosos.

Amadas Hijas
Si, es verdad que a veces me dan algo de miedo . Es el temor reverencial que merece su presencia. Oras veces les pido que se vayan. Ya aprenderemos a dejarlos descansar. Pelearemos, nos cuestionaremos, y también haremos uno que otro desastre.


Pero, sepan y grábenselo bien en su alma,  que Pájaro de fuego y Niña salvaje tienen un espacio para siempre en nuestras vidas.

Gracias

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Juegos agresivos


Me atrevería a decir que todos los niños y niñas que vienen a consulta, tarde o temprano llegan a las pistolas, dardos, bates de espuma, espadas, animales salvajes, dinosaurios, libros monstruosos y cachos de diablo.

No importa mucho el modelo de familia; si sus papas están juntos o separados; el colegio del que vienen; si ven o no televisión en casa,; o si su mamá y papá se esfuerzan por seguir pautas de disciplina positiva.

No parece que las restricciones de juguetes bélicos, de disfraces terroríficos o contenidos violentos eviten que los pequeños terminen protagonizando escenas en las que de alguna manera se evidencia una lucha.

¿Reflejo de nuestra sociedad?

¿Instinto?

¿Modelos aprendidos?

¿Emociones reprimidas?

Tantas explicaciones posibles que tantas veces se me agotan y contradicen hipótesis tan convincentes.


Mejor opto por ser testigo y dejar que las escenas hablen por si mismas.
Sintonizo con los niños en un juego que invita a explorar terrenos olvidados.
Escucho sus mensajes que dan voz a tantas emociones que día a día elegimos guardar en el sótano bajo llave.
Siento la fuerza que se asoma, los gritos que se liberan, el poder que se reconoce.

Ante mi un conflicto se resuelve, una injusticia se equilibra, un reclamo guardado se nombra al fin.
Soy parte de una escena que da voz a la sombra,
de niños y niñas que tantas veces son solo aceptados en sus conductas "adecuadas",

Pero también la sombra de familias, grupos, colegios, sociedades,
que estos niños valientes traen a este espacio sagrado y nos dan la oportunidad de reconocer eso que también es parte de nosotros y tanto nos cuesta ver.

martes, 1 de agosto de 2017

Amadas Hijas, también quiero ser princesa






Amadas Hijas,

Tengo una confesión que hacerles. Yo también quiero ser princesa.

Cuando supe que eran niñas tuve claro que quería que crecieran sin estereotipos de género. Quería que tuvieran una imagen de mujer fuerte, inteligente, capaz, autónoma. Que ser mujeres no fuera una carga como tantas veces lo ha sido para mi.

Entonces, amadas hijas, evité el rosado, las princesas, las barbies, los programas machistas y cualquier juguete o actividad estereotipada que pudiera darles a ustedes una imagen de mujer equivocada. Me esforcé por la neutralidad. Invité a beige y el amarillo y al azul pastel; a los animales en sus fiestas, y a los vaqueros y piratas en Halloween; llené la biblioteca de profunda literatura infantil, y les puse películas cuidadosamente escogidas.


Por supuesto, ya saben que lo que pasó.

La casa se pintó de todos los tonos de rosa y fucsia, y nos invadieron las barbies y princesas por más que intenté deshacerme de ellas. Tutus, maquillaje y spa. Libros de diseño. Soy Luna. Shoppies, Pollypockets. Todas las marcas comerciales. Todas las imágenes femeninas evitadas. Los cuentos y películas que me dan ganas de vomitar. Una fiel copia del inventario de lo no deseado se materializó poco a poco en sus cuartos, en la sala y comedor.

La rendición ha sido mi maestra, así que he dejado de luchar. Al principio pensando que es mejor que quemen la etapa, y que es imposible luchar contra el enemigo.

Pero amadas hijas,

Esa no es una etapa para quemar. Son personajes para integrar.

En mi lucha dejé de ser princesa, y barbie, bailarina de tutú rosado, modelo, adolescente caprichosa, damisela en apuros. Las rechacé y las juzgué porque no quería su dependencia, su debilidad, superficialidad, su esclavitud con el cuerpo, su victimismo, su poca inteligencia y sus pocas posibilidades.

Ellas me encontraron. Ustedes me las trajeron de vuelta.

Amadas Hijas,

También quiero ser princesa. Quiero que un caballero comprenda que solo si se enfrenta a sus demonios puede acceder al amor verdadero. Quiero ser barbie, disfrutar de mi belleza y seducir el alma de tantos con el poder de mis ojos. Quiero bailar apasionada y delicadamente y ser caprichosa para lograr lo que quiero. Jugar y divertirme en la ligereza, relajarme en spas, ir de compras con mis amigas y mostrar mi cuerpo que también hace parte de mi. Quiero romance, flores y música, y el orgullo de aquellas adolescentes de serie para contrarrestar mi exceso de empatía y que los demás comprendan que me hacen daño. Quiero que me cuiden cuando me siento débil y vulnerable y que un príncipe luche contra los dragones que a veces me asustan.

Gracias, amadas hijas.

No tenemos que escoger. Tenemos todos los personajes a nuestro alcance con sus infinitos regalos,

A veces podemos ser brujas para trasmutar con nuestra alquimia, científicas para crear grandes inventos, podemos ser guerreras, amazonas, madres, maestras, hadas, gnomos, ángeles y diablas.

Así que amadas hijas,

Juguemos. Exploremos. Aprendamos a usar todas las posibilidades comprendiendo que al final no somos ninguno de estos personajes. Somos esa lucesita que puede elegirlos y que sabe cómo usarlos según la aventura en turno.

Si. Es posible que el personaje tome tanta fuerza que nos confundamos. Eso suele pasar. Nos creemos el cuento de que somos eso. Se nos queda pegado el disfraz.

No se preocupen amadas hijas,

La vida misma se encargará de recordárselos. Así como ustedes me lo recordaron a mi.


Lo que si puedo es darles un truco infalible. Usen su corazón.

Porque ningún personaje con corazón puede perderse del todo,

miércoles, 5 de julio de 2017

Amadas Hijas: Mamá no es suficiente




Amadas Hijas,

Voy a ser muy honesta.

A veces me descubro a mí misma pensando en cómo sería mi vida si no fuera mamá. Los planes que haría, la plata de sobra que tendría, las horas de sueño ganadas, el orden y el silencio cotidianos que se roba la maternidad.

Sé que no soy la única mamá que lo hace, y sé también que después de semejante pensamiento vienen toneladas de angustia y culpa que ahogan esta mente divagante para abrir espacio a ideas más correctas: ser mamá es difícil, pero vale la pena; no hay nada mejor en el mundo; cuando abrazas a tus hijos sabes que cualquier esfuerzo se recompensa.

Amadas hijas,

Estoy siendo honesta, así que no voy a diluir la culpa y la angustia con frases más cómodas.

Ustedes son seres maravillosos y lo que sea que me pase a mí no tiene que ver con ustedes.
Tiene más que ver creo yo, con el modelo social y familiar que tenemos. Con la misma idea de maternidad.

La idea de Madre. La que sostiene, cuida, ama, está disponible, es cariñosa y amorosa, enseña, guía, orienta, corrige, acompaña, sana, alimenta, se entrega, es generosa, incondicional, escucha, intuye, se vincula, está presente. La que es responsable de sus hijos y si falta el padre, cumple también su rol.
Quizá pueda tener ayuda. Solo ayuda. Pero a fin de cuentas tiene que hacerse cargo de sus propios hijos. Toda una sociedad se encargará de recordárselo.
Porque los niños necesitan a su madre (y los adultos también)

A mi todo esto me parece un montón y muchas veces no doy a basto. 
No tengo suficiente energía, ni ganas. Me pregunto si es que acaso no tengo lo que se necesita para ser mamá. Tal vez soy egoísta, o poco femenina, o tenga algún desorden emocional que me bloquea este flujo natural. Me lo he preguntado varias veces cuando me siento exhausta y de todas maneras hay pijamas que poner, comida que servir, cuentos que leer, historias que oír y solo fantaseo con llegar a mi cama en silencio.  O cuando estoy feliz en mi trabajo, o cuando salgo sola con papá de viaje.
Yo soy de esas mamás que tienen ayuda, y eso sin duda facilita las cosas. Pero amadas hijas, la ayuda no quita culpas, ni aleja esas voces que todo el tiempo me dicen que debería pasar más tiempo con ustedes.


Amadas Hijas,

Quiero decirles hoy que mamá no es suficiente. 
Yo no soy suficiente. 
No hay ninguna posibilidad de que yo pueda darles todo lo que necesitan o de que esté suficientemente presente.

No fui suficiente cuando nacieron y no tuve la dilatación suficiente, ni la leche suficiente, ni la paciencia, ni la calma, ni la energía, ni la disponibilidad suficientes para satisfacer todas y cada una de sus necesidades.

Ni lo he sido cada vez que las grito, me impaciento, me desespero, escucho a medias y me distraigo.

No soy suficiente para darles entornos más sanos, sin tanta tv, sin tanta azúcar y comida chatarra, o para acompañar sus torbellinos emocionales en plena disponibilidad. Para cuidarles enfermedades y pesadillas, sacarles todos los papeles, llevarlas de vacaciones, y estar pendiente de cada cosa que pasa en mi ausencia.

No soy suficiente para ir a cada reunión del colegio, estar al día en los correos, llevarlas a cada piñata adecuadamente vestidas y con el regalo apropiado, ir al pediatra, tradicional y alternativo, cortarles el pelo y las uñas y estar al día en la talla de ropa que cambia cada mes.

No soy suficiente para hacer esto mientras trabajo para conseguir la plata que les de oportunidades, y me hago cargo de mí misma para no pasarles mis traumas y carencias.

Ni tampoco para hacerme la boba y pretender que puedo dejar de ver lo que veo diariamente con personas que no han tenido “suficiente mamá”.

No soy suficiente porque nadie lo es. Y pretender serlo me tiene a mi, y sé que a muchas otras mujeres, extenuada en todas los niveles posibles.

Pretender que una sola mujer sea la representación de Arquetipo de Madre completo, es insensato. La Madre no tendría porque ser la madre.
Nacemos e inmediatamente experimentamos la separación y luego la idea de carencia. Idea que se reitera permanentemente en un paradigma que sigue insistiendo en que una relación humana puede tener semejante alcance.

Amadas Hijas,

Hoy no tengo ni idea de que significa ser madre, porque la idea que hay me asfixia demasiado. No creo en ella. No me parece justa, ni conmigo, ni con mi mamá, ni con ninguna mamá del mundo.
Es más no me parece justa con ningún ser humano. 
Porque limitarnos a que un ser humano sea tan importante, esencial e irremplazable, es una carga para cualquiera.

No sé que piensan, pero la idea de que su plenitud dependa en gran parte de que yo haga bien mi trabajo no es muy alentador para ustedes.  Ni tampoco que el resto de su vida se trate de sanar, reparar mis errores y obtener eso que yo no pude darles.

Además todas las mujeres somos diferentes, y queremos vidas diferentes. No tiene tanto sentido tampoco que solo las mujeres que puedan y quieran cumplir con todos esos requisitos sean mamás. Entre otras cosas porque quedar embarazado no es tan difícil. Así que muchos niños nacen de mamás que no lo han planeado o que no quieren tener el trabajo de mamás.

Qué complicado ¿no?

¿Si la manera de venir al mundo es a través de una mamá, no debería ser un poco más sencillo?

Eso me lo pregunto todo el tiempo, Eloísa y Matilde.


Amadas Hijas,

No entiendo nada esto de la maternidad, pero ustedes ya saben que no entiendo en general muchas cosas del mundo.

Es verdad que a veces no quiero ser mamá y que me imagino como sería mi vida sin ustedes.
Sería otra sin duda. No creo que mejor, ni peor.

El caso es que acá estamos juntas en esto. Juntas con papá, y supongo que ya se imaginarán que tampoco entiendo mucho de la paternidad. 
También estamos con los abuelos y las abuelas, y los tíos y las tías, y Yaz, y las primas, y Lucy y Oli, y los amigos adultos, como ustedes les llaman. Estamos con sus profesores y guías Montessori, y con los porteros, y los médicos y terapeutas, y los vecinos.
Con tantas personas que han estado, las que están y las que estarán.

Yo no soy suficiente y honestamente no creo que se suponga que lo sea. No tengo tan claro que es lo que si se supone que sea, ni tampoco sé quién lo sabe.

Cuando más puedo saberlo es cuando oímos el corazón. No es fácil poner palabras a lo que dice el corazón, pero me parece que lo que dice es que desde que llegaron a mi vida me ha sido más fácil oírlo. Quizá ese es el sentido de ser su mamá. Abrir el corazón. Sentirlo en el contacto con ustedes, y romper todos los escudos que tiene cada vez que me encuentro con un mundo que no me hace sentido.


Amadas Hijas,

Ese es un bonito cuento para imaginar. Su llegada no me deja escaparme. Me hace ir una y otra vez al corazón. Me hace darme cuenta de que no estoy sola, no solo por todas esas personas que las aman a ustedes, sino por eso que sentimos que a veces llamamos Dios. Su presencia me amplia, me rompe esquemas, me abre completamente al misterio y la magia de la vida. Me deja ver lo pretencioso que es decir que son mías. Me muestra contundentemente la ilusión del control y el absurdo de pretender entender con la mente la inmensidad.

No sé que es ser mamá, y a veces no me importa tanto. Cuando me rindo en la presencia pura, el nombre se desvanece y somos eso que no se puede nombrar.


Y eso, amadas hijas, es mucho más que suficiente. 

miércoles, 28 de junio de 2017

Dzogchen



Sus palabras van taladrando mi mente, abriendo espacio.

Son palabras cuya música llega directo al corazón. Palabras que colorean. Derriten la solidez de lo que creo tan real. Palabras que no hace falta comprender. Sólo recibir en la apertura de la no-meditacion.

Me confrontan con tantas ideas que me han servido de apoyo. Me muestran lo inútil de mi búsqueda incansable.

Peleo internamente tratando de hacer encajar esas palabras en mis esquemas.
Hasta que es inevitable rendirme ante la belleza de esos sonidos que van suavizando la rigidez.
Son enseñanzas que no se aprenden. Se experimentan.

Así que experimento la espaciosidad. Las conexiones entre todos y todo. El holograma que va cambiando al ritmo de una mente que se relaja. Se alterna con la angustia de intentar poseer este estado y volverlo permanente.

Es magia sin duda. Magia y misterio. Impensable. Incomprensible. Orgasmos cósmicos. Poesía.

Presencia pura.

Y es aceptación de la dualidad que se despliega en esta espaciosidad.
Renunciando a huir. A veces.
Porque no hay a donde ir.

Son palabras que abren puertas a destellos de la existencia más pura. Destellos que no se olvidan. Que catalizan la sabiduría. Por instantes Ya no hay adentro ni hay afuera. Instantes que recuerdan la ilusión del tiempo.

Y la delicia de la ilusión de un tiempo que me permite experimentar estos sentidos y ser la consciencia misma.

El erotismo de la vida.

Gracias Juan Sebastián Restrepo por tus palabras generosas en ese espacio sagrado que nos compartes

viernes, 16 de junio de 2017

Dragón

No hay texto alternativo automático disponible.


Ahí en la oscura cueva, estaba el dragón

A veces dormido, a veces atado luchando por escapar.

Tantas veces rechazado, temido, ignorado.

El dragón con tan mala fama.

Lo encontré y luché contra él. Le temí. Lo culpé. Intenté ignorarlo. Otras veces encerrarlo.


Hasta que lo miré de frente. Renuncié a dominarlo o eliminarlo.

Lo monte temblando de miedo

Sentí su fuerza, su ira, su pasión, sus celos, su envidia, sus instintos y sus impulsos, su hambre, sus gruñidos

Su dolor.

El dolor del encierro y del rechazo.

De las alas apelmazadas y el fuego apagado

Del cuerpo entumecido y pesado. De los intentos fallidos y la piel mohoseada en aquellas agua estancadas.


Lo acaricié. Lo abracé. Lloré en su lomo.

Me presenté ante él y poco a poco al abrir mi corazón el también me abrió el suyo.


Entonces se reveló la puerta y el dragón me guío hasta el tesoro oculto en la cueva.

El dragón y yo fuimos uno frente a la luz del tesoro escondido. La llave emergió del corazón ya abierto.

Abrimos el cofre de la intuición, la fuerza, la creatividad, la energía sexual, la vitalidad. Salió el fuego, se abrieron las alas, y se liberaron los rugidos imponentes que dan color a la voz.


Dejé de temerle y lo amé. Nos amamos.

Nos reconocimos.

Desde entonces viajamos juntos.

En las profundidades de la cueva, en las verdes montañas, en la.inmensidad del océano y en lo alto de los cielos.




martes, 23 de mayo de 2017

Salir del escondite








Ahí parada en el escenario, intentando mantenerme firme sobre unos tacones que solo salen a la luz un par de veces al año, siento el rápido latido del corazón y a mi lado escucho la voz de una mujer que me llama experta.

Estoy frente a un público borroso, algunas caras conocidas, algunas que echo de menos y algunas sillas vacías que por fortuna para mi catastrófica anticipación, son pocas.

Es el punto cumbre de una semana de nervios desbordados. “No es para tanto”, me juzgué varias veces en el proceso.

Y lo era.

Lo era porque más que una charla, esa puesta en escena fue una muerte más. La muerte de una identidad que se desvanece con la contundencia de la presencia pura.

Estar en un escenario con luces, cámaras y micrófono es ser visible sin posibilidad de esconderse. La voz llega a todos los rincones, mi cuerpo queda expuesto y documentado en todos los ángulos posibles, y mi conocimiento sujeto a evaluaciones y opiniones variadas. Cualquier error tiene testigos y gracias a la tecnología, testigos perpetuos.

Mi imagen corre peligro.
En mi mente revolotean todas las posibilidades de fracaso: las miradas burlonas, las críticas y decepciones, las caídas vergonzosas, los bloqueos angustiosos, el sudor y el enrojecimiento, el olvido, la torpeza, la falta de coherencia.
Pero quizá esta es la parte fácil. Porque se soluciona con un llanto de derrota y la excusa de volver a una cueva que me ha protegido. Poderme escudar en el“esto no es para mí”, y volver a la comodidad de la invisibilidad en donde me siento a salvo.

Ahí en la tarima sé que el gran reto no es atravesar los 45 minutos de angustia, dando conocimiento respaldado por grandes autores y diciendo frases suficientemente seguras para complacer al público y hacer bien la tarea. Demostrar la expertiz que anunció la presentadora.

El gran reto es ser yo. El de la charla y el de la vida.

Soltar los libretos, las estrategias, la inteligencia, la teoría, los libros, las estadísticas, lo comprobado y lo ensayado. 

Así que temblando de miedo, sé que ya no tengo más opción que entregarme.

En ese momento frente a todos sé que no está saliendo perfecto. Veo algunas personas salir y siento el apretón de la angustia del evidente fracaso. Por momentos escaneo caras en búsqueda de señales de aprobación, e inmediatamente siento el impacto de esto en mis palabras. Vuelvo a la presentación buscando guía y encuentro unas letras borrosas.

La vida es una constante improvisación, aprendí alguna vez en clase de teatro. Porque los planes se derrumban ante la contundencia de la realidad. Y la improvisación no es más que la acción que nace espontáneamente de la presencia.

Los guiones empiezan a enredarse en la cabeza, quedo por instantes, que probablemente nadie nota, completamente desnuda. Presente. En blanco. En el espacio perfecto para la improvisación. Estoy hablando del amor y soy amor. Amo ese momento en el que puedo compartirme con personas dispuestas. Amo esa oportunidad de expandirme, de dejar caer falsas seguridades y poder contar a otros que todos estamos en las mismas. Poder mostrarme sin esconderme más sin esperar a hacerlo perfectamente. Siento mi corazón abierto y tengo la certeza de que a nadie le importa mi perfección. Solo soy un instante en su vida y no soy tan importante. Muchas de mis palabras irán al olvido. Nada es permanente.

Sí, es posible que estén las críticas, los juicios y los halagos, la envidia, la desaprobación, las proyecciones y las expectativas junto con las exigencias y las decepciones. Es posible que en la visibilidad incomode, sea reflejo para otros, acaben algunas relaciones, me enfrente al rechazo y la burla. Claro que mi imagen corre peligro, junto con mi identidad y mi burda concepción de éxito y reconocimiento.

Pero ese instante en el que me atrevo a ser, puede ser el instante en que otros reconozcan quienes son. Ese instante en que permito que el amor se manifieste en mi torpeza, en mi miedo, en mi experiencia, en mis palabras, en mi duda, en mi valentía, en mis historias.

Ese es un instante que puede hacer recordar a otros el amor que son. Un instante que puede inspirar a otros, y que puede invitarles, a dejarse morir para Ser.
Sin duda para mi es un instante de liberación, gozo, amor y plenitud.

Dejo de esconderme porque no hay nada que esconder. Dejo de protegerme porque no hay nada que proteger.

Lo que no muere es lo que soy. Y si muere todo, es porque ya es hora.


miércoles, 17 de mayo de 2017

Nada que esconder



¿Qué pasaría

...si oyeran todas nuestras conversaciones privadas?

... si leyeran nuestros chats?

... si nuestras paredes fueran transparentes?

... si viviéramos con una cámara permanentemente?
...si existiera la telepatía?
...si nuestro mundo interior se proyectara afuera?


¿Que pasaría si nuestra privacidad no lo fuera?


¿Qué parte de nosotros quedaría expuesta?


Saldrían a la luz secretos, vergüenzas, perversiones, odios, dolores, deseos, juicios, envidias, chismes, halagos


Todo lo prohibido y censurado,


¿Podríamos acaso sobrevivir como sociedad?


Si fuéramos completamente transparentes


¿Seguiríamos amando como decimos que lo hacemos?


En un principio quizá viviríamos el caos.


El dolor. La indignación. La decepción. El señalamiento. El asombro.


Nos costaría creer todo lo que se asoma. Nos ahogaríamos al descubrir nuestra mentira, nuestra hipocresía, nuestra crueldad, nuestro veneno, nuestros disfraces,

tantas fachadas, tantas máscaras.


No soportaríamos tanta honestidad. Saber tanto de nosotros a través de los demás. Quedar al descubierto sin tener donde escondernos. Incluso de nosotros mismos.


Tal vez por eso existe ese límite. Entre lo privado y lo público.

Aún no estamos listos para descubrirnos del todo.


Ver la sombra sin tapujos, aceptándonos y amándonos completos. Arriesgándonos a ser todo lo que somos.


Necesitamos los personajes. Un poco o un mucho de mentira que nos proteja.

O eso creemos.


Porque finalmente en este juego dual,

lo que no reconocemos en nosotros, aparece enfrente.


Pero empiezan a caer los velos.

Las redes no dan tregua.

La tecnología se mete por todos los rincones.


Parece ser que no es cuestión de estar listos o no.


La autenticidad llama a la puerta.

La verdad se asoma a la fuerza


Sí. Al principio sería insoportable.


Pero


¿Cuánta energía invertida en esta censura y represión?


¿Cuánto esfuerzo en ocultarnos y negar eso que tanto nos cuesta reconocer y aceptar?


¿Cuál es el costo de proteger nuestra intimidad?


¿Cuánto poder, luz y fuerza escondidos en el miedo a la exposición, juicio, burla y señalamiento?


Estemos listos o no,


Hay una voz que emerge con un volumen creciente


Es la voz de la sombra que a gritos nos cuenta,

que entre más la ignoremos, vendrá con más fuerza.


Sepamos que el amor y la compasión, si es que hay alguna diferencia, no discriminan.


y los limites son imaginarios.


No hay nada que esconder, porque todos somos lo mismo.

Vacío



En el vacío,

en la ausencia total de referentes,
enunciando a mi adicción por explicaciones reconfortantes,
Soltando una y otra vez apoyos que nos son más que espejismos.

Frente a frente a la ilusión de un control que supuestamente me ha traído hasta acá
Navegando en tantas experiencias que las palabras no alcanzan a contener.

En el vacío,
Se desvanecen los supuestos,
los pasos a seguir,
las respuestas prefabricadas,
las fórmulas exitosas,
los conocimientos comprobados
La mente se disuelve a pesar de su lucha
El marco se amplía tanto que estalla en mil pedazos.

En el vacío de la presencia pura,
Soy y no soy. Todo al mismo tiempo.
Es el universo de las infinitas posibilidades
De la creación sin límites
De la espontaneidad
De la certeza
La confianza
El Amor

Y de tanto más allá de las palabras.

Así de simple.

Rendirse y descansar en ese simple reconocimiento.

Una y otra vez.

Terapia Infantil



Me parece que los niños llegan a terapia a traer a sus mamás y papás.

A mostrarles eso que no han podido ver de si mismos y de sus entornos por si solos.


Ellos, aunque no de manera consciente y aunque no lo puedan poner en palabras, perciben lo invisible.

Para mi las sesiones no son para analizar e interpretar conductas incómodas buscando culpables y señalando crianzas insuficientes o niños inadecuados.

Tampoco llenar vacíos de niños con "padres equivocados"

Patologizar niños para aliviar sistemas educativos y familiares oxidados

Para mi las sesiones, que honestamente ya ni me atrevo a llamar psicologicas, se tratan de explorar juntos esos mensajes ocultos que los niños nos ponen sin tapujos a través de sus dibujos, juegos, conductas, miradas, movimientos, silencios, posturas.

Se tratan más de nombrar lo innombrable. De develar la sombra que tiene tantos tesoros.

De abrir caminos al corazón endurecido, los poderes olvidados, los sueños enterrados, los seres ocultos entre tantas capas de historias y deberías.

Papás y mamás no necesitamos que nos digan que lo estamos haciendo mal. (Con nuestra voz interna permanente tenemos)

Ni una lista de instrucciones que no funcionarán.

No necesitamos otra voz de otro experto más, que nos llene de palabras que nuestra mente intenta entender y que ahí se quedan alimentando aún más el agotamiento.


Los niños no necesitan aliados que den más fuerza a traumas que determinado contexto decide que lo son.

Ni tampoco sesiones tras sesiones de alguien que intente arreglarlos o hacerlos más funcionales y adaptables a una forma de vida con la que nadie se siente pleno.

Tampoco necesitan de un terapeuta que llene los supuestos vacíos que tienen, para sentirse mejor consigo mismo al salvar la niñez de futuros catastróficos y un mundo en decadencia.


Creo que no hay nada que arreglar en una terapia. Es si acaso una oportunidad para reconocernos por lo que somos y despertarnos a la vida con todos los colores.


Los niños llegan a terapia para sacudirnos a todos del letargo y evitarse a ellos mismos caer en el.

Mentiras



Después de algunos discursos sobre la importancia de la verdad, unos cuantos intentos de "acá nos quedamos hasta que digan la verdad", varios señalamientos de la obviedad de la evidencia, y el uso de algunos recursos como, " entiendo que les de miedo que las castiguemos",

Paré por un momento. Dejé de buscar un resultado para sentir que estaba educando correctamente y finalmente surgió un


Saben ? Yo también digo mentiras a veces.

Unos ojos inmensos hicieron contacto sorprendidos.
Me da miedo que dejen de quererme. Me siento avergonzada. No me gusta equivocarme. No quiero que me señalen o quedarme sola.


En serio mamá?


Si. Y nosotros las amamamos. Aunque no puedan decir la verdad a veces. Aunque se equivoquen. Aunque las regañemos y nos pongamos bravos. Amamos todo de ustedes. Hasta sus mentiras.


... si. Nosotras lo hicimos.


La magia de reconocer en nosotros lo que tanto rechazamos de otros.

martes, 11 de abril de 2017

Amadas Hijas, mamá y papá a veces peleamos






Amadas hijas,

A veces en medio de una pelea ustedes vienen a decirnos: ya no peleen más.
Otras veces, aunque no digan nada, sé que están tristes o tienen miedo porque han oído voces fuertes o caras de disgusto.
También han sido testigo de lágrimas y discusiones. Silencios prolongados y momentos incómodos que arruinan momentos de diversión.

Amadas hijas,

Esto pasa y seguirá pasando. Así como sé que seguirán peleando entre ustedes, con sus amigos y con nosotros.
Porque pelear es parte de la vida.
Peleamos por muchas razones: porque no estamos de acuerdo con otros, porque queremos algo que no tenemos, porque sentimos rabia o dolor por lo que el otro hizo, porque nos dicen algo que no nos gusta (aunque a veces sea verdad)

En algún momento, amadas hijas, habría querido proponerme no pelear más. Decirles que entre menos peleas mejor están las relaciones.
Hoy creo que las peleas son importantes. Nos ayudan a conocernos y a evolucionar. A expresar nuestras emociones, decir nuestras opiniones y ser auténticos. Es decir, ser sin fingir otra cosa.

Esto es muy liberador.

Amadas Hijas,

Papá y mamá peleamos, y no nos escondemos para hacerlo. Algunas conversaciones son de adultos y no necesitan oírlas, así que las cuidamos de ello. Pero no les evitamos saber que peleamos, y tratamos de contarles lo que pasa.

Sé que no les gusta. En parte porque temen que eso significa que ya no nos amemos.
Ya otras veces les he dicho que el amor no se acaba nunca.
Incluso si en algún momento decidimos que ya no queremos vivir más juntos. Esto puede pasar, si es que algún día descubrimos que ambos queremos cosas diferentes. 
Aún entonces amadas hijas, nos seguiremos amando. Porque amor somos.

Ustedes también pueden elegir vivir en otro lugar, o decidir tener otras amigas. Tendrán muchas relaciones que se acaben, o que cambien y sean diferentes después de un tiempo.  Esa es la gran riqueza de la vida. 
Todas las posibilidades que tenemos.

En todo caso papá y mamá siempre seremos su papá y su mamá. Nuestra relación de pareja es una relación del hombre y la mujer que somos. Son dos cosas diferentes, aunque sean relaciones con las mismas personas. 

Por ahora, hemos elegido ser pareja, vivir juntos y compartir el espacio. Nos encanta. Y justamente las peleas nos han permitido hacer ajustes para que podamos seguir haciéndolo.
Las peleas también nos han ayudado a abrir cada vez más el corazón y hacer que nuestra relación sea más fuerte e incondicional.  A darnos cuenta de que no estamos juntos porque no tengamos más opción, sino porque en este momento es lo que más queremos.

Es verdad, amadas hijas, que las peleas a veces pueden hacer daño.
Algunas peleas son violentas y lastiman el cuerpo y el corazón.
Por eso nosotros intentamos ser cuidadosos y respetuosos, aún en las más intensas peleas.
Poder expresar nuestros sentimientos más difíciles sin hacer daño y si es que algo de eso hay, saber reparar.
Cuando nos hemos calmado paramos y reconocemos que se nos ha olvidado el amor y buscamos el camino de regreso.

Amadas hijas,

Somos humanos y no tenemos todas las respuestas. Nos equivocamos, y muchas veces para aprender tenemos que probar una y otra vez caminos dolorosos.
No pretendemos evitarlo. Ni evitárselos a ustedes.
Si acaso tenemos alguna pretensión, es la de amarlas, amarnos y aceptarnos incondicionalmente.

En nuestra humanidad y nuestra divinidad.

Amadas hijas,


Seguiremos peleando porque seguiremos viviendo la vida con toda su grandeza. Con todos sus colores, sabores, olores, sonidos y matices. Creando y experimentando juntos la inmensidad de nuestro encuentro aquí y ahora.