martes, 11 de abril de 2017

Amadas Hijas, mamá y papá a veces peleamos






Amadas hijas,

A veces en medio de una pelea ustedes vienen a decirnos: ya no peleen más.
Otras veces, aunque no digan nada, sé que están tristes o tienen miedo porque han oído voces fuertes o caras de disgusto.
También han sido testigo de lágrimas y discusiones. Silencios prolongados y momentos incómodos que arruinan momentos de diversión.

Amadas hijas,

Esto pasa y seguirá pasando. Así como sé que seguirán peleando entre ustedes, con sus amigos y con nosotros.
Porque pelear es parte de la vida.
Peleamos por muchas razones: porque no estamos de acuerdo con otros, porque queremos algo que no tenemos, porque sentimos rabia o dolor por lo que el otro hizo, porque nos dicen algo que no nos gusta (aunque a veces sea verdad)

En algún momento, amadas hijas, habría querido proponerme no pelear más. Decirles que entre menos peleas mejor están las relaciones.
Hoy creo que las peleas son importantes. Nos ayudan a conocernos y a evolucionar. A expresar nuestras emociones, decir nuestras opiniones y ser auténticos. Es decir, ser sin fingir otra cosa.

Esto es muy liberador.

Amadas Hijas,

Papá y mamá peleamos, y no nos escondemos para hacerlo. Algunas conversaciones son de adultos y no necesitan oírlas, así que las cuidamos de ello. Pero no les evitamos saber que peleamos, y tratamos de contarles lo que pasa.

Sé que no les gusta. En parte porque temen que eso significa que ya no nos amemos.
Ya otras veces les he dicho que el amor no se acaba nunca.
Incluso si en algún momento decidimos que ya no queremos vivir más juntos. Esto puede pasar, si es que algún día descubrimos que ambos queremos cosas diferentes. 
Aún entonces amadas hijas, nos seguiremos amando. Porque amor somos.

Ustedes también pueden elegir vivir en otro lugar, o decidir tener otras amigas. Tendrán muchas relaciones que se acaben, o que cambien y sean diferentes después de un tiempo.  Esa es la gran riqueza de la vida. 
Todas las posibilidades que tenemos.

En todo caso papá y mamá siempre seremos su papá y su mamá. Nuestra relación de pareja es una relación del hombre y la mujer que somos. Son dos cosas diferentes, aunque sean relaciones con las mismas personas. 

Por ahora, hemos elegido ser pareja, vivir juntos y compartir el espacio. Nos encanta. Y justamente las peleas nos han permitido hacer ajustes para que podamos seguir haciéndolo.
Las peleas también nos han ayudado a abrir cada vez más el corazón y hacer que nuestra relación sea más fuerte e incondicional.  A darnos cuenta de que no estamos juntos porque no tengamos más opción, sino porque en este momento es lo que más queremos.

Es verdad, amadas hijas, que las peleas a veces pueden hacer daño.
Algunas peleas son violentas y lastiman el cuerpo y el corazón.
Por eso nosotros intentamos ser cuidadosos y respetuosos, aún en las más intensas peleas.
Poder expresar nuestros sentimientos más difíciles sin hacer daño y si es que algo de eso hay, saber reparar.
Cuando nos hemos calmado paramos y reconocemos que se nos ha olvidado el amor y buscamos el camino de regreso.

Amadas hijas,

Somos humanos y no tenemos todas las respuestas. Nos equivocamos, y muchas veces para aprender tenemos que probar una y otra vez caminos dolorosos.
No pretendemos evitarlo. Ni evitárselos a ustedes.
Si acaso tenemos alguna pretensión, es la de amarlas, amarnos y aceptarnos incondicionalmente.

En nuestra humanidad y nuestra divinidad.

Amadas hijas,


Seguiremos peleando porque seguiremos viviendo la vida con toda su grandeza. Con todos sus colores, sabores, olores, sonidos y matices. Creando y experimentando juntos la inmensidad de nuestro encuentro aquí y ahora.

jueves, 9 de febrero de 2017

Amadas Hijas: El amor no se busca




Amadas Hijas,


Las personas pasamos una gran parte de la vida buscando amor.
Queremos que nos amen porque eso nos hace sentir bien. Hacemos todo lo que sea necesario para que nos quieran, porque de lo contrario nos sentimos muy solos y tristes.


Necesitamos amor para vivir.
Algo así como las plantas, que necesitan agua. Ustedes han visto cómo se marchitan cuando  se nos olvida regarlas.
Las personas sentimos que nos marchitamos cuando no nos aman.


Por esta razón evitamos a toda costa quedarnos sin amor. Buscamos agradar a los demás para que se queden cerquita, así esto signifique hacer cosas que no queremos. Como cuando ustedes acceden a jugar algo que no quieren para no perder a sus amigos.


Aprendemos toda clase de artimañas que vamos probando a ver cuál nos funciona. Darle al otro algo que quiere, como por ejemplo prestarle nuestro juguete favorito; o decirle cosas lindas para que quiera ser nuestro amigo; así no pensemos eso de él. También podemos portarnos muy bien para que no se ponga bravo con nosotros y no hacer nada que no le guste aunque nosotros tengamos muchas ganas. A veces hasta nos portamos mal para que nos nos ignoren, porque sabemos que al menos así, nos tendrán que mirar.


Muchas cosas, amadas hijas, hacemos y dejamos de hacer para no sentirnos marchitados como esa planta sin agua.


El problema es que eso recibimos no es exactamente amor. Es aprobación, reconocimiento, compañia, protección, seguridad y tantas otras cosas que quizá también necesitamos.
Pero no es amor.
Empezamos a creer que el amor solo lo recibimos bajo ciertas condiciones y entonces dejamos de ser lo que somos de verdad, y empezamos a comportarnos según lo que resulta cómodo y conveniente para las personas que están cerca.  

Eso amadas hijas, es una gran pérdida.


Poco a poco vamos olvidando quienes somos realmente y nos pasamos la vida consiguiendo amor a cualquier precio.
Imagínense que están en un parque con mucha, mucha sed y el agua que venden cuesta más que todos sus juguetes, y además les piden que para dárselas no pueden volver a bailar, o montar en patineta, ni ver tv, ni comer chocolate. Pueden tener el agua sólo si se quedan sentadas, diciendo solo lo que les digan. Pero como tienen tanta tanta sed, ustedes dicen que sí.


Amadas hijas,
hacemos esto todo el tiempo.
¡Renunciamos a tantas cosas para conseguir amor!


Sin embargo no nos damos cuenta de que el verdadero amor realmente está dentro de nosotros.


Es cómo si tuviéramos una gran fuente de agua adentro, de la que siempre siempre podemos tomar y nunca se acaba.
¡Así que  no tenemos que buscarla en ninguna parte!
Nuestra fuente de amor interior es infinita.


Se nos olvidó que tenemos esta fuente, cuando éramos muy pequeños.
No sé muy bien por qué, Eloísa y Matilde.
Al parecer todos lo olvidamos y eso para mi no tiene mucho sentido.
En todo caso, recordarlo se ha vuelto el juego que a mí más me gusta. Aunque a veces sea difícil y tenga que pasar por muchos niveles y ganarle a monstruos de miles de cabezas.  Tal como en sus videojuegos.


El secreto es que es bastante fácil acceder a esa gran fuente. Lo difícil es encontrar el camino, que ni siquiera es un solo camino.


¿Y saben cómo saben que están ahí?
Cuando lo sienten.
Es eso que sienten cuando juegan, bailan, se ríen sin parar. Cuando hacen algo que les hace olvidar el tiempo, cuando visitamos el mar y nos quedamos sintiendo las olas, o cuando miramos las estrellas. Esa sensación de tener el universo por dentro, que nos produce ganas de abrazar, dar besos, cantar y saltar.


Es tan inmenso, que queremos sentirlo siempre. El error es que creemos que los demás nos dan amor, pero no es así.
Lo que pasa en realidad es que cuando alguien ama, se hacen unas ondas, como las que salen cuando tiramos una piedrita al agua. Estas ondas hacen que el amor de otros hagan ondas también. El amor de cada uno activa el amor de los demás. El espacio se llena de ondas. Esto es muy poderoso y mágico.


Amadas Hijas,
Somos amor. Es asi de simple.
Así que no es que demos y recibamos amor, como un intercambio. Amar mas bien es Ser amor, simplemente dándonos cuenta de que lo somos y activando esas ondas que se unen a las de los otros infinitamente.
Por eso nos sentimos amados cuando estamos con otros. La presencia de otros engrandece nuestro amor, hasta que nos damos cuenta que todos y todo es amor y que no hay manera de no serlo. Solo podemos contraer o expandir estas ondas.
No podemos marchitarnos. Nunca vamos a estar solos.
A veces creemos que si, porque el miedo y muchas otras emociones  crean muros alrededor de nuestra fuente interior. Esa es la verdadera soledad. Cuando nuestra fuente de amor está encerrada, no la sentimos nosotros, ni los que están alrededor.


Esto no está mal. Es parte de ser humanos.  Las emociones crean esos muros pero también nos dan pistas para derribarlos. Es toda una aventura. Como un misterio a resolver.


Cuando resolvemos este misterio, ya no buscamos afuera, ni usamos nuestras artimañas para agradar o para que los demás se queden.

Somos amor y ya. Esto nos permite Ser lo  que verdaderamente Somos porque no tenemos miedo de quedarnos solos.
Podemos amar incondicionalmente, que significa amar porque sí, pase lo que pase, hagan lo que hagan los demás, porque entendemos que el amor nunca se acaba. Sabemos desde lo más profundo que está siempre disponible y nos olvidamos del engaño de que el amor es una transacción.


Amadas hijas,
Ustedes tendrán que resolver su propio misterio. Encontrar el camino a su fuente.
Estas letras serán un recordatorio para cuando se sientan perdidas. Seguramente ustedes mismas me las leerán a mi  cuando yo me pierda. Es parte de la existencia.

Este es el juego que elegimos jugar: Recordar que somos Amor.

jueves, 12 de enero de 2017

Confía

Confía
No porque todo este saliendo como lo planeaste
O porque tengas todo lo que crees necesitar.
Confía
Trascendiendo los seguros, promesas y contratos 
Soltando el control que minimice los imprevistos y las sorpresas
Confía
Aún cuando estés en el ojo del huracán
O en la noche oscura
En donde nada parece tener sentido
Y la luz brille por su ausencia
Confía
Aunque tu mundo parezca de cabeza
Y no haya un norte visible
Te sientas decepcionado, herido o engañado
O la inseguridad haya llegado a instalarse en ti
Confia
Porque la confianza es un estado de tu ser.
No es una idea de tu ego
La confianza surge de tu profundidad
En ese vacío en donde el vértigo te inunda
Tus apoyos externos se deshacen
Tu fe arraigada a falsas figuras muere
Tus apegos se van de tu alcance
Y esa identidad que crees tan real se descascara y te quedas desnudo
Entonces ya no confías
Eres confianza
Y eres la certeza que desde tu más profunda naturaleza y perfección, todo es perfecto.
Así tu mente insista en lo contrario
Así tu ego te de la batalla aferrándose para evitar su inevitable muerte.
Confía.
Que eres confianza que se manifiesta cuando renuncias a ideas fijas de éxito y logros, de control, a todas las lógicas aprendidas e irrefutables y a tantas creencias que llevas tatuadas que te impiden saberte amor y abundancia sólo por el hecho de existir.