miércoles, 14 de agosto de 2019

Educación sexual

Somos seres sexuales desde que nacemos.
Educar en la sexualidad no puede limitarse a dar información biológica, hablar de "las partes privadas" o controlar y llenar de miedos de lo terrible que puede pasar.
Educar en la sexualidad es educar en la conciencia corporal, en la posibilidad de poner y aceptar limites, en el respeto y aceptación por la diversidad.
Es cuestionarnos nuestras creencias, hablar de lo que no se habla con honestidad aunque nos cueste y no sepamos como hacerlo.
Educar en la sexualidad es revisar nuestra propia historia sexual. Es nombrar los abusos, no solo los sexuales, de nuestra vida y asumir nuestros propios dolores y limitaciones.
Es indagar en el placer y el gozo. Ver cuanto espacio de esto hay en nuestra vida y en la de los niños.
Educar en la sexualidad es comprender que somos sexuales. Que la sexualidad es mucho más que un acto biológico para la reproducción o una búsqueda de placer que puede controlarse.
Necesitamos ampliar la mirada. Ver que le sexualidad es también emocional, vincular, y trascendente.
Es cuestionar las ideas aprendidas sobre género, sexo e identidad.
Diferenciar lo prohibido de los limites. Lo intimo de lo secreto, el control de la atención y la presencia.
Sexualidad es conexión, es amor, es creatividad y gozo. No solo genitalidad.

jueves, 1 de agosto de 2019

Personajes en sombra




Todos tenemos personajes en sombra.
Aquellos que encarnan lo que juzgamos, rechazamos, envidiamos, o simplemente no reconocemos en nosotros.
Esos personajes cobran vida no solo en las personas que nos disgustan y criticamos duramente, sino también en quienes envidiamos o admiramos.
Son todos ellos que pensamos tan diferentes y ajenos a nosotros.
Los que nos indignan y también los que nos parecen inalcanzables.
Los personajes en sombra también están en nuestros secretos. En la intimidad que nadie conoce.
Están en el closet.
Son los que jamás dejaríamos ver, porque amenazan nuestra identidad conocida, nuestra seguridad, el amor que conseguimos de otros.
Por ello ponemos mucha energía y empeño en mantenerlos ocultos, para otros y muchas veces para nuestra propia conciencia.
Ellos y ellas quieren voz. Quieren ser vistos y reconocidos, porque han sido malentendidos, juzgados, rechazados o temidos.
Aparecen en sueños y pesadillas, se disfrazan de perversiones y fantasías, se escabullen en nuestros chistes, se manifiestan en nuestros errores, aparecen cuando bajamos la guardia y soltamos un poco el control, o cuando la vida nos sacude de tal forma que nuestras defensas fallan y descuidamos esa vigilancia que los ha mantenido ocultos.
No nos dejan en paz. Se manifiestan en nuestras parejas, hijos e hijas, familiares y amigos y enemigos, en los jefes, y vecinos, lideres espirituales, políticos y criminales. Se convierten en nuestros ídolos, héroes y maestros, o en villanos y tiranos.
Harán lo que sea necesario para que los veamos de frente, los abracemos y aceptemos.
Porque ellos tienen un gran regalo para nosotros que no hemos podido recibir por tantas etiquetas que les hemos puesto, o les han puesto otros. Por las ideas que tenemos de ellos, o lo lejanos que los sentimos porque en nuestra historia poco espacio tuvieron.
Integrar esos personajes en sombra es reconocer que nunca han sido ajenos. Tomar su energía más allá de sus nombres, aprovechar sus dones y su perspectiva, enriquecer nuestro repertorio de habilidades, respuestas y posibilidades y vivir así una vida en movimiento, más flexible y con muchas más opciones.
Sacarlos a la luz es atravesar el miedo a no pertenecer, sabernos amados mucho más allá de los limitados personajes que ya conocemos, diluir las fronteras del ego estrecho, y ver el mundo de nuevas maneras. Dejarnos ver de otras maneras. Enriquecer nuestras relaciones, vivir completos y libres, usando la energía que queda disponible cuando dejamos de intentar mantener esas puertas que los han mantenido encerrados, con candado.
Podemos así interactuar con los demás de una manera más fluida y compasiva porque vamos descubriendo que nada nos es ajeno y el bien y el mal dejan de ser posturas morales rígidas.
Danzamos la vida, sin apegarnos o rechazar lo que viene, y reconocemos nuestro infinito potencial.
Para mi así ha sido en mi experiencia. En mi trabajo conmigo y también en el de otros.
Pasar del miedo a la confianza (una confianza que incluye el miedo) y a la aceptación de la vida sin querer cambiarme y cambiar el mundo permanentemente.
Atreverme. Salir de mi zona cómoda. Hacer lo que creía imposible. Exponerme y ser vulnerable. Atravesar la herida del rechazo, y el miedo al fracaso. Fracasar.
Perder.
Saber que puedo ser visible y también invisible pero que puedo elegir.
También ganar y enfrentarme a mi miedo a ganar.
Tener ganas de vivir.
Soltar tantas tensiones, creencias limitantes, identidades fijas. Esos "yo soy así" y "yo no soy así" van borrando sus barreras.
La indignación permanente con todo aquel que no cabe en mis esquemas, se va suavizando.
Siento profundo agradecimiento con la vida, con todos los terapeutas y maestros que han pasado por mi camino, mi familia a quién poco a poco he dejado de culpar por mi historia. Mis amigos, los de ahora y los de antes.
Con Nico y mis hijas con quienes mi sombra ha tenido la posibilidad de aparecer con contundencia.
Con el Dzogchen, la Gestalt, y tantas otras enseñanzas que han ido emergiendo en mi camino.

miércoles, 17 de julio de 2019

Poder

Conversando con los niños y niñas sobre las cosas que les hacen los más grandes, llegamos a el tema del poder.
A los grandes les gusta molestar a los más chiquitos, contarles historias de miedo, hacerlos llorar, quitarles los juguetes, ganarles y hacérselos saber.
-¿Por qué?, preguntan desconcertados, aún cuando ellos mismos lo hacen con otros pequeños.
¿Por qué queremos hacer sentir mal a otros por principio?
Hay un placer en ello. El placer del poder.
Nos sentimos grandes y poderosos cuando sabemos que podemos ejercer control y dominar a otros.
Por eso me parece que castigar el bullying es inútil. Es alimentar está dinámica. Quitar a las malas el poder, al poderoso, y proteger temporalmente al frágil, que se sentirá aun más inseguro cuando se aleje de su protector.
Pero reconocer el placer del maltrato es sombrío. Pertenece al terreno de lo malévolo y lo perverso. Hablar de ello nos asusta.
Los niños y niñas lo reconocen fácilmente.
-Si es verdad, me gusta molestar a otros.
-La sabiduría niño/as, es cuando aún queriendo usar el poder y sabiendo que podemos hacerlo para nuestro beneficio, elegimos no hacerlo.
- Pero yo no soy sabia
-Todos lo somos, si aprendemos a oír el corazón.

martes, 9 de julio de 2019

Nada que cambiar



Tal vez creas que hay algo que hiciste que es imperdonable,
Que hay algo en ti que está roto, o una herida tan profunda casi imposible de sanar.
Es muy probable que haya algo de ti que te avergüenza enormemente y gastas montones de energía evitando que se note.
Repites los mismos patrones, estás como en una rueda de hamster que no va a ninguna parte. Siempre algo que mejorar, siempre algo que cambiar, siempre una nueva meta que perseguir, una nueva historia del pasado que sanar.
Tantas emociones inadecuadas que transformar, pensamientos negativos que eliminar, conductas incorrectas que corregir, deseos que inhibir, culpas que te llevan al inminente autocastigo.


¿Y si por un momento renuncias a todas estos esfuerzos?

Eso de lo que tanto escapas es la puerta de entrada. Ahí, en lo que más temes ver, están tus más grandes tesoros.
En lo que más ocultas está tu más grande potencial.
Dejando de huir está tu liberación.

No tienes que cambiar o mejorar, solamente aprender a ver de otra forma. Descubrir lo que ya eres, oculto entre muchas ideas erróneas acerca de ti mismo.
Saber que tu salud está disponible en un instante, las respuestas las tienes siempre disponibles y la plenitud y felicidad no se alcanzan, solo se reconocen.
Todos sin excepción, somos humanos-divinos y tenemos un lugar en el mundo.

La voz de la sombra es un profundo proceso de aceptación radical de nosotros mismos y de la humanidad.

lunes, 1 de julio de 2019

La práctica del Amor

El Amor no es un sentimiento, es un estado del ser.
De amor estamos hechos.
Así que amar, más que una acción, es el ejercicio de eso que somos.
Pero son tantas las creencias limitantes que tenemos acerca de lo que es el amor, y tantas las vivencias de desamor que han sido nombradas como amor, que estamos muy confundidos.
A amar no se aprende, porque amor somos, pero lo cierto es que tampoco sabemos amar. 
Amar entonces es una práctica en la que nos comprometemos a abrir el corazón a todo lo que es, aunque nos duela, aunque aparezcan millones de juicios, aunque la idea de no merecimiento se entrometa y tengamos la tentación permanente de cerrarnos y excusarnos en un "se acabó el amor", o "merezco algo mejor" o "no soy digno de ser amado":
Amar es una práctica cotidiana de saber que el amor no es una moneda de canje, no se condiciona, no se retira ni siquiera se da.
No es amabilidad, complacencia, cuidado o protección, ni aceptación, aprobación o reconocimiento.
La práctica del Amor requiere honestidad y coraje, para atravesar todas esas capas endurecidas que nos han servido de refugio para encontrarnos con una fuente infinita.

martes, 18 de junio de 2019

Separación

Muchas parejas vienen a consulta buscando acompañamiento durante o después de la separación.
Me conmueve ver sus esfuerzos por no perjudicar tanto a los niños. La premisa es que ya separarse es un daño irreparable, porque sin duda lo mejor para los hijos es tener una familia unida y que papá y mamá estén juntos. ¿como podemos entonces minimizar el trauma?, ¿qué hacer y qué no hacer?
En mi práctica, la del trabajo y la de la vida, me ha permitido poner en duda cualquier premisa con respecto al trauma, y con respecto a lo que es mejor para los hijos.
Para mi, cada día es más claro, que el amor se abre camino, y que nuestras ideas de relación, pareja, familia, paternidad y maternidad, bien y mal, se desvanecen en la presencia de un corazón disponible y abierto que no admite formas fijas e ideas rígidas.
Quizá lo más traumático es la idea de que el amor se acabó. La familia duele ante un panorama en el que el amor es finito y el conflicto su asesino.
Pero el amor no se acaba.
Terminan formas de relacionarse que son neuróticas y que son justamente las que impiden que el amor se manifieste fluidamente.
Llegan a su fin batallas en las que todas las partes se ven obligadas a defenderse, usando toda clase de armas y cubriéndose de espesas capas que van ahogando a todos e imposibilitando al gozo de la vida hacer presencia.
La separación es una separación física y una distancia emocional. a veces muy necesaria. En esa distancia, esos patrones automáticos pierden fuerza y las reacciones emocionales destructivas pueden tener una tregua. Entra un aire nuevo, en el que cesa la necesidad de defenderse permanentemente y es posible nuevamente abrirse y sentirse vulnerable, ambos requisitos fundamentales en la crianza.
Si acaso, eso necesitan los niños: adultos capaces de sostenerse a sí mismos, maduros emocionalmente y sobretodo plenos en su existencia.
No hay una fórmula exitosa para separarse correctamente. Esto es más de nuestra enfermedad que busca hacerlo todo perfecto.
La separación duele, no solo de nuestra pareja. Cualquier separación. Y el dolor es parte de la vida.
Sin embargo, si permitimos que ese dolor nos muestre lo vivos que estamos, si aceptamos el permanente cambio que es la existencia, si recordamos que el amor no se lo lleva nadie que se va, sino que amor somos irremediablemente, y si dejamos morir formas caducas, abriendo espacio a eso que somos más allá de nuestras ideas de lo que debería ser,
lo más probable es que nuestros hijos e hijas puedan recibir el amor de su mamá y su papá plenamente, sin importar las diversas formas de relación que vayan emergiendo en el camino.
Incluso si viven en diferentes países, si hay nuevos miembros de familia, si cada uno tiene formas radicalmente diferentes de vivir, o si comenten errores que parecieran no tener reversa.
Amarnos siempre es una posibilidad, y gran parte del trauma y de la herida de abandono, tiene que ver más con los relatos que nos contamos y repetimos sin cansancio.
La familia no se rompe, el amor no se acaba, un padre y una madre no abandonan su hogar.
Más bien la vida danza, somos movimiento y entre menos nos resistamos, más vamos a abrirnos a la fuerza del amor que es contundente cuando al fin nos permitimos darle espacio. Ese amor admite limites, conflicto y distancia. Abraza el dolor, libera la rabia, acoge la tristeza sin apego.
Tal vez, como más perjudicamos a nuestros hijos e hijas, es siendo lo que no somos, y cargándoles a ellos el yugo de nuestro sacrificio.

jueves, 16 de mayo de 2019

Crianza y despertar de conciencia

Los niños nos traen mensajes.
Nos muestra nuestro verdadero potencial. nos cuentan de mundos invisibles para nosotros.
No es que los niños sean mejores, más sabios, más iluminados.
Más bien es que ellos no han olvidado del todo. Su inocencia aún les permite estar en contacto con su naturaleza esencial.
Ellos no saben que saben, porque les parece lo natural.
Nosotros insistimos en corregirlos, en enseñarles del mundo real, como si supieramos de mundos reales.
Amoldarlos, adaptarlos, mostrarles el camino correcto. Hacemos lo que mejor podemos. Transmitimos lo que nos han transmitido.
Pero nuestra mirada es estrecha, nuestra percepción limitada, hemos cerrado el corazón, nos hemos llenado de ideas que nos congestionan tanto la mente que ya no sabemos como es el silencio.
Intentamos enseñarles la verdad, pero vivimos en nuestras propias mentiras. Nada sabemos de honestidad porque la verdad que fuimos y supimos fue castigada duramente.
Los niños nos muestran la verdad y ahora nosotros los castigamos por ello. Queremos evitarles el mismo dolor al que fuimos sometidos.
Nos esforzamos en exceso. Criar o educar se vuelve una tarea agotadora e imposible porque queremos hacerlo bien. Creemos que todo depende de nosotros y que ellos son un resultado de nuestra tarea.
En realidad es bastante simple. Se trata de hacer menos y contemplar más.
Ampliar la visión, abrir el corazón, vivir desde el cuerpo y dejar que la existencia se despliegue por si misma, sin que le pongamos tantos obstáculos.
Nosotros no somos quienes moldeamos a los niños. Quizá ni siquiera les enseñamos.
Los acompañamos y los cuidamos mientras ellos pueden hacerlo por sí mismos.
Nos sentimos agotados porque creemos que se trata de un dar unidireccional. Un dar que luego reclamamos en la vejez como si nos debieran algo.
Lo que no sabemos es que siempre es y ha sido en ambas direcciones. No podemos recibirlos porque no podemos ni siquiera verlos tal y como son.
Nos alimentamos de ellos, llenamos nuestros vacíos con ellos, les hacemos ocupar el lugar en nuestra soledad, creemos que son nuestra obra maestra y con ello nos llenamos de orgullo o nos avergonzamos de nuestro fracaso. Los hacemos a un lado cuando nos muestran demasiado. Los usamos como excusa para no apropiarnos de nosotros mismos.
Esto no es recibirlos. Esto es manipularlos y utilizarlos.
No somos capaces de recibirlos y los rechazamos, los etiquetamos y excluimos. Tal y como hacemos con nosotros mismos.
Para mi es un privilegio estar cerca de los niños. Un reto que revoluciona mis días y al que muchas veces quiero darle la espalda. Agradezco enormemente que sean tan insistentes y me sigan susurrando de tantas maneras los mensajes que a veces no entiendo.
No es siempre fácil pero poco a poco me he dispuesto a comprender más allá de mis propios intereses.
A ellos yo no les hago terapia, no los sano, no los corrijo, ni les arreglo.
Viajo con ellos entre dimensiones.
Me dejo atravesar por su presencia. Me desordeno. Me permito no saber, soltar mis ideas preconcebidas, desarmarme completamente, desesperarme y renunciar. Entregarme a lo que ocurre con todo lo que viene, viendo surgir mis pensamientos, emociones, y sensaciones que tantas veces me impiden estar totalmente para ellos.
Navego entre las expectativas de tantos: las de su mamá, su papá, sus abuelos, profesores, múltiples terapeutas, hermanos, amigos, toda la familia, la sociedad, la comunidad entera. Y por supuesto las mías propias.
Me redescubro y recuerdo por instantes lo simple que es la vida, la claridad de los mensajes, la divinidad que somos, la belleza de la humanidad en su diversidad, el potencial infinito que tenemos y del que nos cuesta tanto hacernos cargo.
La crianza, la educación y en general cualquier trabajo con los niños pueden ser muy distintas si comprendemos que no se trata de formarlos sino más bien de permitirnos a nosotros mismos de-formarnos.
Mas que una labor, es un viaje de descubrimiento. Una mágica revelación de lo que somos realmente.
Ellos nos despiertan.
La crianza y la educación infantil es un despertar de la conciencia.

sábado, 4 de mayo de 2019

Mamá Sexual

Muchas veces vivimos fragmentadas.
La madre no puede convivir con la mujer sexual, o la mujer sexual con la madre.
Nos dividimos porque la.imagen de una madre sexual nos confunde, nos perturba, nos conflictúa.
Quizá nos traiga historias dolorosas ,
Ideas de abuso o sumisión. 
Quizá la moral o la religión ocupen el espacio.
Los mandatos de quienes nos anteceden.
O quizá el eros está lejos en el agotamiento del día a día.
De un cuerpo disponible para los hijos,
De una cama compartida de tantas maneras.
Quizá, son tantos los roles que disputan el primer lugar, que la sensualidad queda de últimas.
Tal vez el parto, la lactancia, abrió puertas insospechadas.
Posiblemente el deseo fue desterrado, cuando se volvió confuso entre tantas sensaciones .
Somos mamás sexuales. Sin importar nuestras elecciones, nuestra forma de vida, nuestra configuración familiar o nuestra forma de vivir esta sexualidad.

martes, 9 de abril de 2019

Amada Hija: Te amamos completa


Amada Hija:
Tienes derecho a equivocarte. Es más esperamos que lo hagas.
Puedes romper las reglas. Esperamos que lo hagas. Rompiendo las reglas que consideramos absurdas, vamos abriendo espacio a la genuina libertad.
Tendrás que aceptar que te regañemos, que te regañen otros. Ser genuino a veces puede ser doloroso. 
Quizá te llamarán rara. Te castigarán, te castigaremos.
Pero queremos que sepas que no hay nada de malo en ser rara. Todos lo somos de alguna manera.
Porque cada uno de nosotros no es más que una perspectiva a través de la cual se experimenta eso que llamamos Dios.
¿Qué sentido tiene que todos seamos iguales?
Tendrás que descubrir quién eres, cuál es tu única perspectiva, tus dones, tus colores y tu propia música.
A veces imitarás la de otros, o te revelarás, tropezarás, caerás, volarás, te arrastrarás, te esconderás y también te paralizarás.
Ensaya. No pares de hacerlo. Equivócate, que los errores son sagrados. Perseguirás metas para darte cuenta luego de que son solo espejismos, porque en realidad no hay a donde llegar. Todo ya es y está aquí y ahora.
Hazlo de todas maneras, recorre caminos, los que quieras, que al final todos te llevarán al mismo lado si prestas atención: a tu corazón, que es el corazón mismo de la existencia.
Sentirás vergüenza, cada vez que eso que hagas parezca inadecuado. Cada vez que te atrevas a ir un poco más allá de lo establecido y cada vez que te despojes de aquellas capas que te defienden.
Siéntela. No hay nada de malo en ello. La vergüenza no es tu enemiga, por el contrario es señal inequívoca de que tu autenticidad está emergiendo.
Acá estamos contigo, quizá a veces seamos quienes te avergoncemos a ti, porque tu autenticidad nos pone en aprietos. Pero siempre estaremos para repetirte: No hay absolutamente nada de malo contigo.
Te diremos una y otra vez lo que siempre te decimos:
Nada que seas, que pienses, que sientas o que hagas puede lograr que te amemos menos.
Te amamos completa. Es imposible que sea de otra manera.
Tu sola existencia nos engrandece. Y con cada uno de tus errores, ensayos, vergüenzas, peleas, exploraciones, conflictos, rupturas y dramas, nos descubrimos un poco más a nosotros mismos.
Equivócate. Incomódanos. Danza con los limites.Descubre la libertad que habita en tu corazón, detrás de todas aquellas ideas de lo que debería ser la existencia, y de lo que deberías ser tu.

miércoles, 30 de enero de 2019

Amarnos radicalmente

Si, quizá el cuerpo responde a la mente, es cierto.
Sin embargo, he experimentado que el cuerpo responde al alma.
Más que responder la refleja, danza con ella.
Tal vez no se trate de hacer correcciones adentro para que se vea el resultado afuera. Más salud, más belleza, más perfección.
Tal vez se trata de dejar que se despliegue nuestra verdadera naturaleza, sin esfuerzo alguno, sin exigencias, sin objetivos específicos. ¡Cómo si supiéramos!
Abandonar la lógica causa-efecto. Amarnos radicalmente y permitir que nuestro cuerpo vaya ajustándose a lo que nuestra alma necesita en cada momento. Abandonar toda batalla.

martes, 22 de enero de 2019

La batalla con la comida

La batalla con la comida ocupa tanto espacio que ni cuenta nos damos. Se disfraza de nobles intenciones. La.salud y el fitness, la espiritualidad, la compasión por la vida, la purificación, la ascensión.
Es una batalla, porque no es una relación amorosa. Es unilateral, restrictiva, compulsiva, agobiante, obsesiva, controladora, dominante, y tanto otro , como nuestra propia relación con nuestro cuerpo.
Cómo tantas cosas, aquello que he logrado distraer en mi, con mis hijas sehace evidente de tal manera que me es imposible darle la espalda.
Mi amor por ellas es más grande que mi amor por mi, y en esa práctica permanente de amor por ellas, puedo finalmente amarme. Mi corazon se abre radicalmente y todos aquellos lugares olvidados son alcanzados, aunque duela. Pero en su presencia, el dolor no es obstáculo, y no me queda más opción.
Frente a ellas no hay ninguna otra posibilidad.
Así que MI batalla con SU comida me está abriendo puertas.
A mis manos llegó por estos días un libro maravilloso de Camila Serna. Estaba a la espera de ser leído, y el fin de las vacaciones me impulso a hacerlo.
Porque en las vacaciones está batalla es contundente. Cuando el calor nos quita la ropa, y el tiempo libre deja a la ansiedad hacer de las suyas.
Así que leí, y en esa lectura se abrió una posibilidad frente a la batalla.
Una conversación. Un espacio para esa relación tormentosa con el enemigo del bienestar.
-¿Que sientes cuando comes dulce?
Le pregunté.
- Es una fiesta en mi boca. Cuando el dulce toca la lengua hay una explosión. Una fiesta. Es como si bailarán, luego el dulce pasa por la garganta y se siente deli. Cuando llega a la barriga siento muchos colores.
Nunca me imaginé esa respuesta. El exceso de dulce es quizá su búsqueda de esa experiencia que tanto le es negada en una cotidianidad pesada de la que yo mismo me veo refunfuñando tanto.
No lo sé con exactitud. No hace falta saberlo. Pero sin duda esa conversación me llevo a tantas restricciones en mi historia.
A esta búsqueda tan mía de libertad y gozo, que por supuesto no tienen que ver con una caja de chocolates, pero que ante ciertos escenarios no queda de otra.
Más fácil es en todo caso acudir al chocolate que hacer una inmersión por los dolores de esa mujer salvaje encerrada entre los barrotes de la civilización.
La batalla no termina dando acceso ilimitado al cajón de golosinas.
Esto es un diálogo que apenas empieza.

miércoles, 16 de enero de 2019

Aprender a perder

¿Cómo hago para que mi hija aprenda a perder? ¿Para que sea más segura de si misma, sea menos competitiva y aprenda a equivocarse?
I- Preguntate:
1., ¿Cómo es para ti perder? 
¿Que pasa cuando te equivocas? ¿Que tanto te arriesgas a hacer cosas que no dominas?
2. El colegio en el que estudia, ¿fomenta y valora la.competencia? ¿Funciona con premios y lugares de honor? ¿Que tanto valor le da a las calificaciones?
3. En su entorno ¿Que tanto espacio y valor hay para las inteligencias múltiples y los diversos talentos?
Se honesto. ¿Es genuino? ¿O en el fondo se valoran más ciertas profesiones e inteligencias?
4. ¿Te gusta como es tu hijo/a? ¿ que quisieras que fuera diferente? ¿Que te avergüenza? ¿Que te cuesta aceptar, si es que nunca cambiará?
5. ¿Que creencias y discursos hay en tu entorno con respecto a la competencia?
Ej. Puedes ser lo que quieras pero tienes que ser el mejor.
El que sobrevive es el más fuerte
6. ¿Cómo reaccionas cuando tú hijo/a se equivoca o pierde?
Por más reflexiones y discursos que hagamos a los niños, ellos son expertos en leer su entorno con todos sus sentidos y responden a lo que el entorno les propone.
Nos sentimos seguros y nos arriesgamos a perder cuando reconocemos nuestro valor y tenemos certeza de que somos aceptados y amados por lo que somos y no por lo que hacemos y por nuestros logros.
Para que un niño se sienta seguro de sí mismo, necesita un entorno que lo acepte y valore por lo que es y no por sus acciones y resultados.
Algunas sugerencias:
1. Hagan juegos y actividades que no tengan ningún objetivo. Paren antes de que haya perdedores o ganadores. Cambien las reglas a la mitad del juego.
2. Hagan un "libro de errores y equivocaciones" en donde se registren todas los errores que van cometiendo en el día a día, tanto adultos como niños.
3. Cómo adulto reconoce cuando te equivocas con tus hijos.
4. Abre espacio para jugar por jugar solo por el disfrute de hacerlo. Sin instrucciones, interrupciones o propósito.
5. Reconoce los dones y talentos de tu hijo. Eso que se le facilita y disfruta haciendo sin ningún tipo de motivación externa.
6. Reconoce tus propios dones y talentos.
7. Abre espacio en tu vida para hacer cosas que disfrutes porque si.
8. Aprende sobre inteligencias múltiples.
9. Hagan el ridículo. Aprendan a reírse de sí mismos haciendo cosas para las que no son buenos, tomándose la vida menos en serio!
10. Hagan tareas que requieran colaboración y en dónde cada uno aporte algo diferente.
11. Fracasen. Arriesguense. Equivoquense. Hagan del fracaso un éxito!

martes, 15 de enero de 2019

Renuncia a saber quién eres

Por un momento
Renuncia a saber quién eres
Cesa de definirte
Olvídate de tus grandes planes
Destruye despiadadamente tus sueños
Ríete de tus ganas de aportar a la humanidad
Por un instante
Sé insignificante
Siéntete minúsculo e impotente
Acepta quedarte sin respuestas
Ya no te hagas más preguntas
No cambies,
Pierde toda esperanza
No intentes limpiarte y purificarte,
Suelta cualquier plan de mejoría.
Aquí y ahora,
Sé implacable con tus pensamientos
Dispara una flecha a los porques y para ques
No entiendas, ni expliques
Destiérrate del jardín de las anticipaciones y recuerdos
Solo por un momento
Descansa de cualquier idea que tengas de ti,
No te hagas tanto caso,
Rebélate a la tiranía de los debería,
Libérate de la esclavitud de tus listas de tareas pendientes.
Sal de la cárcel de la aprobación y el reconocimiento.
Deja morir tu adorada identidad.
Solo por un instante
No sigas tus impulsos,
No reacciones,
Ni intérpretes tus intuiciones
Para de identificar tus emociones,
Renuncia a cualquier opinión.
No hagas absolutamente nada.
Sé radical en solo esto
En relajarte en tu ser ,
Incluso, aunque no sepas cómo
Y en amar absolutamente todo
Rompiendo en mil pedazos cualquier definición de amor

miércoles, 9 de enero de 2019

Acompañar la noche

Con la noche llega la oscuridad y navegar la oscuridad tiene lo suyo.
Pocos adultos se atreven a enfrentar solos su propia noche. Ese lugar de lo desconocido en donde aparecen los propios monstruos y fantasmas. Los rincones que han despojado de la luz de la conciencia por pura supervivencia.
Porque atravesar la noche es difícil. Es el camino del héroe.
Dar la espalda a lo seguro para adentrase a un espacio en donde nada es lo que parecía , las sombras danzan, y las distracciones habituales duermen también. Somos presas fáciles para depredadores, reales y psicológicos,
y si logramos rendirnos al sueño, se abre la puerta de un mundo misterioso e irracional.
En la noche nos enfrentamos con todo aquello a lo que logramos hacerle el quite a la luz del día.
¿Cuántos adultos tienen el coraje de adentrase conscientemente en su propia noche?
Enfrentar sus fantasmas. Soltar el control y entregarse a lo desconocido, dar la cara a sus miedos, despedirse de sus seguridades, hacer una travesía por su inconsciente sin compañía.
Pero pretendemos que los niños lo hagan rápidamente. Antes de siquiera haber terminado de saberse ellos, de tener un cuerpo desarrollado para moverse o un lenguaje para comunicarse.
Pasar la noche en un cuarto lejano solos, pasar derecho 12 horas, rápido y sin molestar.
A pasar la noche no se enseña con trucos y manipulaciones, chantajes o castigos.
A pasar la noche se acompaña. Y se acompaña atreviéndose también a pasar la propia para saber que es lo que depara la oscuridad.
Se acompaña dando la mano, ofreciendo el cuerpo y el corazón. Mostrando la luz interior que nunca se apaga, y escuchando con atención los mensajes de los monstruos y pesadillas. Permitiendo que el coraje y valentía aparezcan en el tiempo y ritmo de la propia existencia.
Así como tantos nos acompañan a nosotros en nuestras noches oscuras, acompañemos también a los niños a conocer la oscuridad que tanto evitamos nosotros mismos.