viernes, 16 de junio de 2017

Dragón

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Ahí en la oscura cueva, estaba el dragón
A veces dormido, a veces atado luchando por escapar.
Tantas veces rechazado, temido, ignorado.
El dragón con tan mala fama.
Lo encontré y luché contra él. Le temí. Lo culpé. Intenté ignorarlo. Otras veces encerrarlo.
Hasta que lo miré de frente. Renuncié a dominarlo o eliminarlo.
Lo monte temblando de miedo
Sentí su fuerza, su ira, su pasión, sus celos, su envidia, sus instintos y sus impulsos, su hambre, sus gruñidos
Su dolor.
El dolor del encierro y del rechazo.
De las alas apelmazadas y el fuego apagado
Del cuerpo entumecido y pesado. De los intentos fallidos y la piel mohoseada en aquellas agua estancadas.
Lo acaricié. Lo abracé. Lloré en su lomo.
Me presenté ante él y poco a poco al abrir mi corazón el también me abrió el suyo.
Entonces se reveló la puerta y el dragón me guío hasta el tesoro oculto en la cueva.
El dragón y yo fuimos uno frente a la luz del tesoro escondido. La llave emergió del corazón ya abierto.
Abrimos el cofre de la intuición, la fuerza, la creatividad, la energía sexual, la vitalidad. Salió el fuego, se abrieron las alas, y se liberaron los rugidos imponentes que dan color a la voz.
Dejé de temerle y lo amé. Nos amamos.
Nos reconocimos.
Desde entonces viajamos juntos.
En las profundidades de la cueva, en las verdes montañas, en la.inmensidad del océano y en lo alto de los cielos.

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